Cuando la familia de Zebura Adane llegó al campamento de desplazados China, en Debre Berhan, Etiopía, los residentes compartían solo dos fosas de letrina y un grifo. Usar el baño exigía esperar de una a dos horas, con hombres y mujeres amontonados fuera. Las mujeres carecían de privacidad y de un lugar seguro para cambiar compresas.
Después se construyeron letrinas de zanja y refugios de baño separados, se añadieron instalaciones de residuos y mejoró el agua. Voluntarios ayudaron a limpiar y difundieron higiene. Zebura dijo que las mujeres ya podían usarlos sin miedo ni vergüenza.
No era una fila de ocio o compras. Donde las necesidades corporales no podían aplazarse, dos instalaciones se convertían en una o dos horas de espera. Las mejoras redujeron tanto la fila como la exposición y pérdida de dignidad.
