El 14 de mayo de 2002, desde primera hora se formaron largas filas en Freetown para las primeras elecciones presidenciales y parlamentarias de Sierra Leona tras la guerra civil. Uno de los grupos más numerosos esperaba en un campamento donde vivían personas amputadas, a quienes combatientes rebeldes habían cortado extremidades, mientras policías y cascos azules de la ONU vigilaban los centros de votación.

Lo singular de esta fila era que personas que llevaban en sus cuerpos las heridas de la guerra esperaban para elegir al gobierno que vendría después. El acto de votar trasladaba la paz de un acuerdo entre instituciones a una decisión tomada persona por persona.