En Yelem Gej, distrito de Basoliben, zona etíope de Gojjam Oriental, Abesha Goshu iba de noche con linterna porque la fila diurna era demasiado larga. En el relato de UNICEF de noviembre de 2022 recordó esperar al menos dos horas por un recipiente, sin contar el viaje; los viernes eran peores.
Abesha mantiene a sus hijos elaborando y vendiendo tella, una cerveza local. El agua sostiene hogar y trabajo: usaba más de treinta bidones los viernes y más de diez otros días. La espera repetida decidía cuánto tiempo quedaba para ganar dinero y cuidar.
Con tuberías fiables basta abrir un grifo; con pocos puntos, el agua exige viaje y turno. La fila antigua no debe idealizarse como ritual paciente. Ella salía de noche para no perder también el día buscando agua.
Cuando el caudal no cubre la demanda, las familias cambian sueño por una posibilidad de llenar recipientes. El nuevo sistema devolvió agua y tiempo para trabajo y escuela.
