En mayo de 1993, cuando la Autoridad Provisional de las Naciones Unidas organizó las elecciones de Camboya, se formaron largas filas desde primera hora en el Estadio Olímpico de Phnom Penh y en todo el país. Solo el primer día votaron unos 2,2 millones de personas, el 46 % del electorado registrado.

Estas filas funcionaron bajo amenazas de violencia y sabotaje, mientras la ONU utilizaba documentos de identidad y tinta indeleble para impedir el voto múltiple. Tras un conflicto prolongado, esperar se convirtió en parte del trabajo colectivo necesario para hacer posible el voto secreto.