El 30 de julio de 2006, cuando comenzó en la República Democrática del Congo la primera elección democrática en más de cuarenta años, los votantes formaron colas desde temprano ante los centros electorales de Kinshasa y del este del país. Había 25,7 millones de electores inscritos. Fue una de las elecciones de mayor envergadura y complejidad logística apoyadas por las Naciones Unidas, en un territorio inmenso con una red de carreteras limitada.

Lo singular de aquellas colas era que, tras años de dictadura y guerra, un país vasto y mal comunicado volvía a conectarse mediante un mismo procedimiento político. Las filas expresaban tanto la esperanza de paz como las dificultades de organizar unas elecciones en todo ese territorio.