El 28 de diciembre de 2022, solicitantes de todo Sri Lanka llegaron a la Oficina de Empleo Exterior de Battaramulla y formaron una larga fila. Respondían a un anuncio de Facebook sobre Japón, pero solo había veinte puestos: costura de productos para asientos de automóvil, ofrecidos a mujeres, con cuatro meses de formación residencial en japonés para las seleccionadas. No era una lista digital ni un simple retraso administrativo: las personas estaban físicamente en un lugar buscando la posibilidad de trabajar fuera. La cola hacía visible una esperanza común sin prometer empleo a todas.