En 2026, familias rurales de la provincia de Gaza, sur de Mozambique, hicieron fila para una campaña móvil de registro de nacimientos. En Guijá y Mabalane, un padre sostenía a su hija de seis meses mientras esperaba entre decenas de madres. Registrar el nacimiento incorpora el nombre y la existencia del niño al registro público y abre derechos como la educación. En comunidades donde el cuidado aún se considera trabajo femenino, el padre asumió el trámite como responsabilidad propia. Llevar el servicio a la aldea hizo visibles una decisión familiar y un cambio social más amplio.